EL ÁBOL DE NAVIDAD EN LA PENÍNSULA IBÉRICA

Por Mariana García Legar

La segunda fiesta del Reino de la Noche nos trae el solsticio de invierno que cae entre el 21 y 23 de
diciembre y, también, la Navidad que comienza con la Nochebuena del 24 de diciembre. 

La palabra Navidad viene de nacimiento. Es la fiesta del renacimiento anual del Sol bajo la forma simbólica de un niño divino. Es una fiesta solar de primer orden del hemisferio norte que celebra que los días serán, a partir de ahora, cada vez más largos. Si bien nuestros ancestros comprendían la necesidad de la alternancia de la luz y la oscuridad para la continuidad de la vida, el regreso de la luz siempre era una razón de festejo, porque anunciaba el renacimiento de toda la naturaleza. 

Los días anteriores al solsticio de invierno cuentan con las noches más largas del año. En el mismo momento en que el Reino de la Noche llega a su máximo despliegue, se invierte la polaridad y comienza su decadencia. 

El nacimiento del Sol es, también, un renacimiento del elemento fuego. Por ello el árbol –tradicionalmente vinculado al fuego, que es hijo de la madera– tiene un papel protagónico en esta fiesta. El solsticio de invierno se ha celebrado en toda Europa a través de los ritos del árbol. Estos pueden ser tanto el típico Árbol de Navidad, como el Tronco Nochebueno que renueva el fuego de los hogares y conserva sus bendiciones para poder recurrir a ellas durante todo el año. 

El Árbol de Navidad, también llamado Árbol de Luz, anuncia con sus regalos los frutos que se esperan para la próxima primavera. Los rituales de diciembre están vinculados a los de mayo, y ambos forman parte de un mismo ritual arbóreo europeo. En diciembre, el Árbol de Luz “sueña” –y por tanto crea– el futuro árbol del Palo Mayo de Beltane, que florecerá en primavera. 

El tema central de la fiesta del solsticio de invierno en nuestras tierras fue la elección de un tronco especial que bendecirá el fuego de nuestro hogar y prolongará estas bendiciones a lo largo de todo el año. 

Siempre he oído decir que el Árbol de Navidad no es una tradición de la península ibérica, porque aquí lo tradicional es el pesebre y los Reyes Magos. Sin embargo, las costumbres más antiguas que nuestra tierra conserva como rituales del solsticio de invierno son los rituales del árbol. No en vano la península ibérica estaba llena de árboles al punto tal que se decía que una ardilla podía cruzarla de sur a norte saltando de copa en copa, como decían los romanos. 

El Árbol del solsticio o Árbol de luz, está profundamente vinculado al Árbol de mayo. En el solsticio de invierno la tierra está dormida y, en consecuencia, el árbol también lo está. Los ritos del Árbol del solsticio son una manera de propiciar el despertar de la tierra, asegurando así que pueda lucir sus galas en el futuro Árbol de mayo. Por ello los ritos de diciembre están vinculados a los de mayo y son parte de una misma celebración anual del culto arbóreo, crucial para nuestros ancestros.

Nuestros rituales del árbol para el solsticio invernal se sintetizan en la Tronca de Navidad, por usar uno de sus nombres ya que tuvo muchos. Según las regiones de la península se llamó tizón, xoca, choca, chueca, zoca, cornizo, capirón, tió, tronc, tizón de Navidad, leño de Navidad, tronco nochebueno, tronca de Navidad… 

 

EXTRACTO DEL LIBRO: "Fiestas de la Tierra y espiritualidad matrística en la Península Ibérica. Con 8 rituales para círculos de mujeres" de Marianna García Legar.

Información en: http://libroruedadeizpania.blogspot.com